Contar historias constituye una práctica tan antigua como la humanidad: algo común a lo largo de la historia de los seres humanos es su capacidad de contar y escuchar historias.

Tanto si pintamos cuevas relatando una cacería como si narramos grandes hazañas alrededor de una hoguera. O resumimos una experiencia reciente en el chat de WhatsApp o Telegram mediante audios y emojis, el storytelling humano no solo es indicativo de nuestra capacidad de informarnos sobre lo que nos conviene («Allí existe un peligro»), sino también de estructurarlo y adornarlo para que resulte lo más comprensivo y atractivo posible («En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme»).

Así, del mismo modo que hablamos del ser humano como perteneciente a la especie homo sapiens, los expertos plantean la posibilidad de hablar de un homo (y, por supuesto, mujer) narrativo, el llamado homo narrans (Kurt Ranke).

Muchos seres vivos se comunican, pero solo uno cuenta historias. Dicho en otras palabras: narrar es llegar a conocer algo como si estuviéramos viviéndolo.

Y emocionarnos con ello de alguna manera.

Pero… ¿existen algunos parámetros a considerar para poder emocionar a las personas que se enfrenten a nuestras historias?

Existen cuatro aspectos de las historias a los que las personas responden y cada uno crea un componente diferente de la experiencia global. Las reacciones a estos aspectos se combinan para producir diferentes emociones.

Todas las demás claves para las emociones usan estos atributos del producto completo (sí, las historias, muchas veces, para ser consumidas, forman se organizan en productos) para cambiar cómo se siente un jugador.

  1. Visceral: reacciones automáticas y no controladas a la apariencia, el sonido y otras percepciones sensoriales.
  2. Comportamiento: reacciones al interactuar con el producto.
  3. Cognitivo: reacciones de ideas, recuerdos y asociaciones con el producto.
  4. Social: la interacción con otras personas retroalimenta a todas las capas creando más diversión.

Ejercicio

Piensa en un recuerdo que aún tengas fresco en la memoria y te haya emocionado. Es importante que sea un recuerdo que puedas evocar con relativa sencillez. Contesta a esta preguntas: 

  • ¿Por qué crees que lo recuerdas tan bien? Intenta conectar una o más emociones a este recuerdo. 

Ahora intenta expresar este recuerdo y las emociones vinculadas de alguna manera. El objetivo es sacártelo de la cabeza. Sigue, estas pautas creativas en orden:

  1. Escribe tu recuerdo en menos de una página ¿Qué emociones salen a la luz en tus palabras? 
  2. Expresa tu recuerdo usando solo líneas y formas ¿Qué emociones salen a la luz en tus dibujos?
  3. Cuéntaselo a alguien que conozcas. Combina el texto, las imágenes y usa (si quieres) elementos externos como música para reforzar tu historia. ¿Puedes hacerles sentir la emoción? 

Aquí tienes tu primera historia en forma de producto. Ya eres una cuentacuentos. 

Bienvenida.

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